Ediciones Tramar

TRES POEMAS DE EL AMOR ESA BESTIA UN TANTO SOLA

PERDIDA IDENTIDAD

Escribo para averiguar mi nombre

La doblez de mi nombre en el tuyo y tu sombra

Escribo para saber cómo anda tu bestia indomable

La misma que develó mi plan de enamorarte

Sé que no soy el mismo ni el otro quizás el otro tras tu imagen

Sé que ordenas mi mundo como ordenas tus bragas

Escribo a tu cuerpo de diciembre

A esa desnudez inagotable que día a día desaparece

A la soledad del amor escribo

Para decir que estoy perdido en la hosca irreverencia del olvido

Que sólo como galletas al desayuno

Que me miro al espejo y no doy conmigo

Que camino todas las noches sin un zapato

Escribo para que me devuelvas el calcetín y el zapato

Para que me devuelvas también nombre y apellidos

Pero sobre todo escribo para que vuelvas con el amor

Ese amor que una noche tiraste al cubo

 

EL DESOLADO DE TU CASA

La casa sobrevivía con tu aliento

El viento gemía al saber que te ibas

La música misma era monótona y la tarde triste

Respira en tus pasos la habitación tan clara

El gruñido de la bestia corre enloquecido por las calles

Regresa en la noche y se estrecha en los cristales

Hay humedad en el dorso enflaquecido de mi mano

Tengo en los ojos breves reproches y todo el miedo

La casa es el oscuro álbum que nadie hojea

Envejece día a día entre goznes y ventanas blancas

Las paredes han comenzado a descolgar sus retratos

El árbol de naranjas es visitado por los perros

Y los blancos gatos de innumerables soledades

Están las cosas todas ellas pero tú te has ido

Debo vender la casa pero no he podido

La ausencia esa bestia que me pudre todo

Es el amor sin duda pero no la feliz muerte

Ni el codiciado olvido

 

COARTADA

Tarde me entero que todo lo tuyo es coartada

Juego sucio la arepa de huevo en la mañana

El tinto último con veneno incorporado

Tarde me entero que tu corazón era puerta oxidada y sola

Un órgano infeliz que hacía ruido al abrirse

Y al cerrarse cortaba los dedos y la risa

Yo te esperaba enamorado y triste

Allá en los anchos pasillos de la tarde tú llegabas

Con la sierra enorme a cercenar mi lengua

Tarde me entero que en vez de besos tenías martillos

Cada golpe de tus labios abría en mi boca un abismo incierto

Golpeabas todo el día partías mis quijadas

Todos los huesos me los partiste en la cocina

Yo te dejaba hacer yo estaba ciego

Creía en ti como sólo un idiota puede creer en ti

Tarde me entero que caíste en tu propia trampa

Eras la vida misma y me amabas

Todo el dolor eras y toda la dicha