Ediciones Tramar

Un cuento de:

RELATOS CRUELES PARA JÓVENES INTERESANTES

Cuaderno No3 , autores quindianos

Relatos crueles para jovenes interesantes

UN DIA DIFERENTE

Había terminado el invierno. Era sábado en la mañana. Ella estaba despierta en el lecho desde temprano, sentíase cansada, desganada. Rosario y Frank, los dos hijos que ahora vivían con ella, preparaban abajo el desayuno. Aparentemente, todo estaba como antes de ella enfermar - Y ya había enfermado otras veces -. Todo podía parecer como antes. Sin embargo, nada era como había sido. Todo era más espacioso, entraba más luz a través de las ventanas, notábanse menos bultos en los rincones y hasta menos mugre en las paredes. Dejó la cama con dificultad, sentía desánimo por estirar las piernas y caminar. Rosario y Frank hacían ruido en la cocina, abajo, al preparar la masa para las arepas y el rico calentado del día anterior. Ella pensó en su hijo (el mayor, por así decirlo, pues había otros mayores que él), el hijo que más estuvo a su lado aunque permaneciera lejos en ocasiones, el que siempre había sido amplio y amable, a pesar de sus ataques de rabia, esa rabia que tanto lo señaló y perjudicó. Las lágrimas le afloraron, lloró en silencio mientras se encaminaba al baño. A él, a ese hijo querido, con dolor, a él, condescendiente con ella y detallista, no lo vería nunca más de cuerpo presente. Abrió la llave del lavamanos, metió casi con miedo las manos en el pequeño chorro, lo sintió demasiado frío. Siguió recordando, liberóse de la bata de dormir. Pobrecito, llevaba tan poquitas semanas de muerto (no para ella) y parecían años. Abrió la llave de la ducha; el agua dio contra su cuerpo, fría, casi helada. Sintió la cabeza como un témpano, lanzó un grito ahogado.

Los asesinos sabían que no era él quien debía morir. Dios es testigo y Dios sabrá porqué continúan vivos. Ella, atlética mujer en sus mejores tiempos, despavilóse por el golpe del grueso chorro(no gustaba de la regadera), vióse obligada a mover los brazos, la nuca, las piernas, inesperadamente estaba ejercitándose. Le pareció ver la cara de su mejor amiga, reducida ahora por una grave hemiplejía, quien le repetía regañona, cuando la encontraba a punto de desfallecer por los problemas familiares, que no podían entregarse, luego de tanto bregar, a la conmiseración ni a la invalidez sin antes luchar con pies y manos, y ni aún así... Salió del baño, secó su cuerpo, todavía vigoroso, aunque ajado un poco por el paso de los años. Fue hasta el tocador, acarició su pequeño Cristo Milagroso, musitó un corto rezo, murmuró para sí que debía seguir hasta el final, puesto que no era ella la única sufrida ni la única desprotegida. Además como diría su fiel amiga: “Nunca las cosas son las mismas. No lo alcanzas a ver, pero todo gira y gira continuamente hasta la eternidad, oscilando entre la luz y la oscuridad, entre el calor y el frío”. Así era en realidad. Lo que hay que hacer es laborar, hablar con Cristo y disfrutar de los días buenos sin temor a los malos, por más que uno sepa que volverán de nuevo –como ciertos asesinos- , de otra forma, no se tendría la capacidad para seguir viviendo. Peinó su larga cabellera frente al espejo, sonrió al verse reflejada. No sabía bien por qué, pero hoy se encontraba mirando con otros ojos la vida, disponíase a vivir ese día, de ser posible, con alegría. Terminó de vestirse y acicalarse, como antes. Bajó al primer piso decididamente, directo al comedor y la cocina. Sus dos hijos, que ya desayunaban, quedaron sorprendidos al verla, poco menos que radiante, frente a ellos. No imaginaron verla, tampoco hoy, ahí abajo. Un ramo de girasoles frescos que arreglara Rosario en un enorme jarrón cerca al televisor parecía sonreírle con los amarillos pétalos formando enormes coronas de sol. Observó el ramo alegre. Sus ojos cobraron un hermoso brillo. Rosario fue hasta ella bromeando y contenta de verle tan cambiada e intempestiva. –“¡Hoy es un nuevo día, mamá! –besó su frente -. ¡Que alegría, has bajado de nuevo al comedor!” Frank, entretanto, hacía muecas y reía bajito en un extremo de la mesa.